Hace tanto tiempo ya que no puedo recordar que edad tenia, cuando el mejor regalo que me podían hacer eran unas cartulinas y un paquete de rotuladores de colores.

Podía estar horas delante de aquel papel que en pocos minutos dejaba de estar blanco para pasar a tener miles de dibujos, imágenes propias de un niño de aquella edad… personajes de comic, viñetas, coches…

Paso el tiempo y mi interés por el dibujo había quedado marcado en mi mente.

Muchos años después descubrí otra manera de dibujar y plasmar el arte, las blancas cartulinas lienzos sin vida, efímeros y que pronto acababan en alguna carpeta guardadas, se habían transformado en un soporte vivo, lleno de historias y que aunque también efímeros de algún modo tenían la capacidad de mostrarse por si solos a todo el mundo después de salir de las manos de un artista.

La piel como lienzo me hizo comprender que era una de las manifestaciones artísticas que mas podían satisfacer a un creador, aportaba algo especial a la persona que llevaría durante toda su vida aquella obra, que tanto podía significar para ella y además se convertiría en la mejor exposición de los trabajos de un artista.

Este descubrimiento vino de la mano de mi amigo Jorge, Tatuador, con el que empecé a conocer todas las técnicas que convierten a la piel en el mejor de los lienzos.

Recuerdo que el primer dinero que pude ahorrar en mi vida, vino de largas sesiones montando maquinas, soldando agujas y en definitiva aprendiendo mientras preparaba todo el material con el que el tatuador llenaría la piel de recuerdos imborrables.

Al mismo tiempo que todo esto sucedía di un paso adelante para comprender la sensación de ser el soporte de un artista.

Al igual que muchos, que empezamos a tatuarnos en aquellos años en los que todavía este tipo de representación artística no era tan comprendida y bien vista como lo puede ser  ahora, acudí a un estudio que siempre será el referente inicial de todo el movimiento Tattoo en esta ciudad.

Del estudio de Mao y Cathy, cantera de artistas como Lobo o el mismísimo Robert Hernández, nacieron los primeros trazos de tinta que hoy en día recorren la mayoría de mi cuerpo.

Mientras mi piel continuaba llenándose de trabajos fruto de largas sesiones con mi gran amigo y tatuador Otto, mi interés por comprender la simbiosis entre la maquina y el artista crecía lejos de se un mero lienzo con vida.

Los años pasaron dedicando mi vida a una de la que fueron mis grandes pasiones, el mundo del snowboard, el skate y la cultura urbana, reflejadas en una tienda que desde el 96 fue referente en Madrid.

Como primero empleado y luego dueño de “Ninetysix” mi contacto con infinidad de gente interesada en este “mundillo” de tablas, ruedas y pasión por deslizarse no perdió el contacto con otro gran mundo el del Tattoo, ya que la mayoría de mis clientes compartían una afición por el dibujo y el arte lleno de historias plasmado en sus cuerpos.

Un cúmulo de circunstancias, precipito lo que había sido un sueño desde hacia tiempo, convertir mi negocio en un estudio de tatuajes.

Mi experiencia visitando estudios, conociendo tatuadotes y gente tatuada, fueron primordiales para crear lo que tenia en mente.

Un espacio donde la gente iniciada en el tatuaje se sintiese como en su casa, pero lo mas importante, donde aquellos que después de pensar tanto tiempo en tatuarse por primera vez, se encontrasen con un espacio agradable y con el trato perfecto para asesorarles en esos primero pasos.

Un lugar donde venir no solo para tatuarse, sino para comprender esta manifestación artística, un entorno lleno de libros y revistas donde ver, comprender, elegir y trabajar en los sueños que la gente que nos visita, quiere llevar consigo toda su vida.

Tener dentro de mis mejores amigos a grandes artistas del Tattoo me hizo pensar en ellos de manera especial, por que un artista se ha de encontrar a gusto y eso es lo mas importante para que sus líneas fluyan convirtiéndose el las ideas de nuestros clientes.

Por eso los artistas que trabajan en Capponi Tattoo Company son amigos, compañeros y participes de los sueños que he plasmado en el estudio.

El estudio me ha llevado a dar un paso más dentro de lo que empezó como niño… he abandonado el papel, para empezar mis primeros trabajos en la piel y mientras aprendo cada día de mis clientes y de los tatuadotes que trabajan conmigo, espero que tus sueños, emociones y recuerdos, que has decidido llevar contigo toda la vida nos visiten para formar parte de ellos.

Te esperamos en Capponi Tattoo Company.